Un informe reciente de la Iniciativa Global contra el Crimen Transnacional ha revelado que las bandas criminales en Haití han alcanzado niveles de organización y armamento nunca antes vistos. Controlan aproximadamente el 80% de la capital, Puerto Príncipe, así como las entradas y salidas de la ciudad, representando una amenaza cada vez mayor para la estabilidad del país.
El estudio señala que unas 200 bandas operan en territorio haitiano, algunas de las cuales están altamente armadas y estructuradas. Estas bandas han evolucionado significativamente en los últimos años, convirtiéndose en entidades sofisticadas con creciente capacidad de autofinanciación y autonomía.
Históricamente, la existencia de bandas en Haití se remonta a la dictadura de François Duvalier, pero en décadas anteriores se trataba principalmente de grupos desarticulados y débiles. Sin embargo, en la actualidad, nuevos líderes con experiencia han transformado estas bandas en organizaciones más sofisticadas, similares a cárteles o grupos paramilitares.
En la capital, al menos 23 grandes bandas operan bajo dos grandes grupos, la Alianza G9 y la coalición G-Pep, lideradas respectivamente por Jimmy Chérizier (alias Barbacoa) y Ti Gabriel. Estos grupos controlan la ciudad de manera efectiva, imponiendo su autoridad y provocando enfrentamientos armados.
La violencia de las bandas también se ha extendido a zonas rurales como la provincia de Artibonito, causando estragos en la producción de alimentos y aumentando la crisis humanitaria en el país.
En 2023, Haití experimentó un alarmante aumento en la tasa de homicidios, con 4,789 personas asesinadas y 2,490 secuestradas. Este contexto ha generado una urgencia en el despliegue de una misión de seguridad en el país, aunque actualmente enfrenta obstáculos legales en su implementación.
El informe destaca la necesidad de abordar urgentemente la creciente amenaza de las bandas criminales en Haití y restaurar la seguridad y estabilidad en el país.
