La región central de Haití atravesó uno de sus episodios más violentos del año luego de una serie de ataques coordinados por pandillas fuertemente armadas que dejaron múltiples víctimas, entre ellas hombres, mujeres y niños. Numerosas viviendas fueron incendiadas, lo que obligó a cientos de habitantes a escapar en plena noche hacia comunidades vecinas en busca de protección.

Desde Pont-Sondé, el funcionario local Guerby Simeus confirmó por vía telefónica que casi una decena de personas murieron, entre ellas una madre con su hijo y un trabajador del gobierno municipal. Simeus lamentó que, pese a la gravedad de la situación, no han llegado refuerzos, mientras las bandas continúan presentes en la zona. Los ataques, ocurridos entre el viernes y el sábado, fueron incluso transmitidos en vivo por los propios pandilleros.

La Policía de Haití, alertó sobre la magnitud de la crisis, señalando que la mitad del departamento de Artibonite está ya bajo control de grupos criminales. Las agresiones más intensas se registraron en Bercy y Pont-Sondé, donde la población se encuentra prácticamente sitiada.

El sindicato policial SPNH-17 denunció en X (antes Twitter) la falta de capacidad operativa para hacer frente a la escalada de violencia. Según la organización, “la población no puede vivir, no puede trabajar, no puede desplazarse”, y advirtió que la pérdida de control sobre los dos departamentos más grandes del país —Oeste y Artibonite— representa “el mayor fracaso de seguridad en la historia moderna de Haití”.