Las estafas mediante Facebook Marketplace han vuelto a quedar bajo la lupa tras varios casos en los que compradores y vendedores terminan siendo víctimas de un mismo delincuente, quien interviene en la negociación, manipula la información y puede llegar a provocar enfrentamientos entre las partes.
Uno de los casos más recientes es el de Emmanuel Contreras Medina, un joven que murió luego de resultar gravemente herido durante un encuentro relacionado con la compra de un iPhone ofertado a través de Marketplace.
De acuerdo con la investigación del Ministerio Público, el propietario del teléfono lo había publicado por RD$35,000, pero un tercero habría tomado las fotografías y características del dispositivo para ofrecerlo a Emmanuel por RD$15,000, haciéndose pasar por el vendedor. El joven realizó una transferencia a una cuenta bancaria y posteriormente fue enviado a recoger el teléfono donde su verdadero propietario.
Ninguno de los dos hombres conocía el engaño que se estaba ejecutando en medio de ellos.
El encuentro terminó en una confrontación y Emmanuel fue golpeado con un bate. Permaneció ingresado durante semanas y falleció el pasado 9 de septiembre. El caso mantiene un proceso judicial abierto y las autoridades también buscan establecer la responsabilidad de la persona que recibió el dinero de la supuesta venta.
Pero el caso de Emmanuel no es el único que muestra cómo una negociación aparentemente sencilla en Marketplace puede terminar convirtiéndose en un problema para quienes participan.
Una estafa con un camión
Deivi de León vivió una situación similar, aunque en su caso el engaño no terminó en una agresión física.
Deivi había comprado un camión en la mina Barrick Gold y, luego de pintarlo, decidió venderlo. El vehículo tenía un precio de RD$1,550,000, pero lo publicó en Marketplace por RD$1,300,000 para facilitar la negociación.
Fue entonces cuando recibió el mensaje de un hombre que aseguró que podía ayudarlo a venderlo en Azua.
“Tú estás vendiendo ese camión barato, hermano. Yo te lo puedo vender aquí en Azua”, le escribió.
Deivi aceptó y el supuesto intermediario le aseguró que enviaría a dos personas interesadas en comprar el vehículo. Incluso le pidió retirar la publicación de Facebook porque él se encargaría de ofrecerlo a un precio mayor.
Sin conocer personalmente al hombre, Deivi le compartió primero la ubicación de su vivienda y luego la del lugar donde tenía estacionado el camión.
El supuesto intermediario llegó incluso a enviarle una ubicación en tiempo real, haciéndole creer que se dirigía hacia donde estaba el vehículo, pero finalmente le comunicó que había tenido que devolverse y que la negociación continuaría al día siguiente.
Al día siguiente aparecieron dos hombres que aseguraron haber sido enviados por “Rubio”, nombre con el que conocían al supuesto vendedor. Revisaron el camión, lo probaron y posteriormente dijeron que no estaban interesados.
Deivi volvió a contactar al intermediario y le informó que publicaría nuevamente el vehículo. Sin embargo, este le aseguró que los compradores no habían quedado convencidos porque Deivi no les había transmitido suficiente confianza.
Le pidió que les dijera que ambos eran “como hermanos” y que el camión estaba en perfectas condiciones. Los hombres regresaron aproximadamente una hora después y aceptaron comprarlo.
El supuesto intermediario le indicó entonces a Deivi que preparara el acto de venta y colocara RD$600,000 como valor de la operación, alegando que esto facilitaría el proceso relacionado con el pago de impuestos por el traspaso.
Deivi preparó el documento y envió fotografías del acto de venta, la matrícula, los documentos del propietario y su cédula. Posteriormente, el desconocido le solicitó su número de cuenta bancaria.
Poco después, Deivi recibió una imagen que aparentaba ser un comprobante de transferencia por RD$1,300,000. Convencido de que el dinero había sido enviado, les dijo a los compradores: “Ya me transfirió”.
Sin embargo, antes de entregar definitivamente el vehículo decidió verificar su cuenta bancaria. No había recibido ningún dinero.
El supuesto intermediario intentó tranquilizarlo. “Entrega el camión, que eso te cae como en cinco minutos”, le respondió.
Deivi se negó, y fue entonces cuando ambas partes comenzaron a comparar la información que habían recibido y descubrieron que también habían sido víctimas de un engaño.
Los compradores habían transferido RD$600,000, pero el dinero no había llegado a la cuenta de Deivi. Había sido enviado a la cuenta indicada por el supuesto intermediario.
El hombre había conseguido convencer a cada parte de que estaba negociando directamente con la otra, mientras él permanecía en medio de la operación.
La situación terminó en una dependencia policial, donde los compradores insistían en que habían pagado por el camión, mientras Deivi sostenía que nunca había recibido el dinero.
Posteriormente, el caso llegó a la Fiscalía y al departamento encargado de investigar delitos de alta tecnología.
Según el relato de Deivi, durante la investigación una fiscal estableció que existían otras querellas relacionadas con el mismo individuo y otras supuestas ventas de vehículos.
Una modalidad que puede enfrentar a las víctimas
Los dos casos tienen un elemento en común; la intervención de un tercero que se coloca en medio de la negociación y proporciona información diferente al comprador y al vendedor.
Esta modalidad permite que el verdadero responsable permanezca fuera del encuentro mientras las personas que creen estar realizando una transacción legítima terminan frente a frente sin conocer lo que realmente ocurrió.
En el caso de Emmanuel, el engaño terminó en muerte. En el de Deivi, estuvo a punto de provocar que un vendedor y dos compradores terminaran enfrentados por un vehículo que ninguno había logrado adquirir en las condiciones que creía.
Por ello, las autoridades y especialistas recomiendan extremar las precauciones al realizar transacciones mediante plataformas digitales; verificar la identidad de la persona con la que se negocia, no confiar únicamente en comprobantes enviados por mensajes, confirmar directamente con el banco que el dinero haya sido acreditado y evitar compartir direcciones particulares con desconocidos.
También se recomienda realizar las entregas en lugares públicos y seguros, preferiblemente donde pueda verificarse la transferencia antes de entregar el artículo, vehículo o documentación.
En el caso de Deivi, una de las principales recomendaciones que recibió después de la estafa fue precisamente evitar utilizar su vivienda como punto de encuentro. “Nunca haga negocios en su casa”, asegura que le indicaron.
Tres meses después, Deivi dice que todavía siente temor porque las personas involucradas en aquella negociación llegaron a conocer dónde vive y dónde trabaja.
Lo que comenzó como una publicación para vender un camión terminó revelando una realidad que también quedó expuesta con la muerte de Emmanuel: detrás de una oferta aparentemente atractiva en Marketplace puede esconderse un engaño capaz de enfrentar a compradores y vendedores y, en los casos más extremos, tener consecuencias irreparables.
