OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- Hay momentos en que una nación comienza a enviar señales de que algo no marcha bien. No se trata de un hecho aislado, sino de la suma de acontecimientos que despiertan preocupación y obligan a reflexionar.

Vemos un gobierno democráticamente elegido impulsando iniciativas que, para algunos sectores, generan inquietud sobre los límites de la libertad de expresión en la era digital. El reto consiste en combatir la desinformación sin debilitar uno de los pilares esenciales de toda democracia.

También observamos una reforma policial que ha implicado importantes inversiones. Sin embargo, ningún equipamiento sustituye la formación humana. El uniforme no transforma por sí solo los valores, y un arma en manos de quien carece de la preparación ética y emocional necesaria puede convertir un problema individual en una tragedia colectiva. La verdadera reforma comienza en el hogar y en la escuela.

En materia económica seguimos viendo ajustes fiscales puntuales. Muchos son necesarios, pero dejan la impresión de que continuamos aplicando parches en lugar de construir una reforma integral, moderna y equitativa que fortalezca la competitividad sin aumentar continuamente la carga sobre el contribuyente.

Las redes sociales han alterado la relación entre el poder y la ciudadanía. Hoy un influencer puede influir tanto como un dirigente político, mientras aumenta la polarización y disminuyen la capacidad de escuchar y la cultura del diálogo.

Al mismo tiempo, crece el debate sobre la posible influencia de intereses internacionales en la vida política nacional y sobre la cercanía con figuras que podrían aspirar a la Presidencia. Más allá de percepciones o interpretaciones, corresponde a las instituciones preservar la soberanía nacional y garantizar que el futuro político del país sea decidido únicamente por los dominicanos.

Quizás el mayor riesgo no sea cada uno de estos hechos por separado, sino la sensación de que todos ocurren al mismo tiempo. Cuando una sociedad normaliza la confrontación, la improvisación y la desconfianza, comienza a perder el rumbo.

La República Dominicana ha superado grandes desafíos a lo largo de su historia. Pero este es el momento de fortalecer nuestras instituciones, defender el Estado de derecho y recordar que la democracia no se sostiene solo con leyes o inversiones, sino con ciudadanos responsables, instituciones independientes y líderes comprometidos con el bien común.

Ojalá estas sean solo señales pasajeras. Pero si anuncian cambios más profundos, todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo. Las grandes crisis rara vez llegan sin avisar.