Las protestas en Irán cumplieron este sábado dos semanas y lejos de disminuir, se han intensificado en múltiples ciudades, desafiando la represión del gobierno y las restricciones impuestas al acceso a internet y a las comunicaciones telefónicas.

Organizaciones de derechos humanos con sede en el extranjero reportan que el número de víctimas continúa en aumento: al menos 72 personas han muerto y más de 2.300 han sido detenidas desde el inicio de las manifestaciones. La televisora estatal iraní, por su parte, reconoce bajas en las fuerzas de seguridad y asegura que mantiene el control de la situación.

El líder supremo, ayatolá Ali Jamenei, anunció una nueva oleada de represión, mientras el fiscal general, Mohammad Movahedi Azad, advirtió que quienes participen en las protestas serán considerados “enemigos de Dios”, un cargo que puede conllevar la pena de muerte. La amenaza se extiende incluso a quienes brinden apoyo a los manifestantes.

Las movilizaciones se han convertido en el mayor desafío interno para el régimen en los últimos años. La intensificación de las protestas refleja el descontento creciente de la población y coloca a Irán en un escenario de confrontación cada vez más crítico.