OPINIÓN, JOSE MANUEL PANDELO, PARA 7 SEGUNDOS.- Aplicar la ley no es castigar antes del juicio ni convertir la prisión preventiva en un espectáculo. La ley se aplica cuando el Estado investiga con rigor, acusa con precisión y prueba sus casos en un tribunal. Todo lo demás es atajo.
En República Dominicana, la mayoría de las personas privadas de libertad no están condenadas: están en prisión preventiva. Ese dato demuestra que la cárcel se está usando como sustituto del trabajo investigativo. Cuando encerrar es más fácil que probar, el sistema deja de buscar justicia y empieza a administrar presión.
Por eso resulta incoherente —y preocupante— que el Ministerio Público presente miles de supuestas pruebas en una audiencia de coerción, hable como si ya existiera culpabilidad y aun así solicite prisión preventiva. Si todo está probado, no hay razón para encerrar; y si no lo está, menos aún para castigar antes del juicio.
La prisión preventiva existe para asegurar el proceso, no para disuadir mediáticamente ni “enfriar” el caso mientras pasa el tiempo. Usarla como castigo anticipado no demuestra firmeza contra el crimen: demuestra incapacidad de sostener una acusación sin recurrir al encierro previo.
Este modelo crea un incentivo perverso: dos años de preventiva seguidos de una condena suspendida sustituyen al juicio serio. Se encierra primero, se decide después y se celebra el daño ya causado. En cambio, buscar condenas firmes en plazos razonables obliga a investigar bien, a depurar pruebas y a someterse al control judicial real.
Y esto no es una defensa de criminales. Es una exigencia institucional: que el Ministerio Público deje de buscar victorias rápidas para la galería y haga su trabajo bien —investigar a tiempo, acusar con rigor y obtener sentencias firmes—. La mano dura que no termina en condena no es justicia; es propaganda.
Resulta especialmente preocupante que Yeni Berenice Reynoso, hoy al frente de la Procuraduría General de la República, concentre su mayor protagonismo en las audiencias de instrucción, donde el impacto mediático pesa más que el resultado final del proceso. Si el liderazgo del Ministerio Público brilla en la etapa preliminar pero no en sentencias firmes, el mensaje institucional es inequívoco: se prioriza el show sobre la justicia.
Conviene recordarlo con claridad: la instrucción no es un escenario para lucirse ni para condenar anticipadamente. La instrucción es un filtro, un juicio preliminar diseñado para decidir rápido y con rigor si un caso va a juicio o no. Convertirla en espectáculo es traicionar su función y admitir que el verdadero juicio nunca llega.
Si esa es la lógica que se impulsa desde la Procuraduría bajo la gestión de Yeni Berenice Reynoso, entonces también queda claro el proyecto político que la respalda: espectáculo primero, resultados después.
Un Estado serio no hace teatro punitivo. Hace procesos que resisten el juicio, la apelación y el tiempo.
Lo demás es ruido.
