La Franja de Gaza atraviesa una de las peores crisis alimentarias de su historia reciente. Desde el inicio del bloqueo total impuesto el 2 de marzo de 2025, la disponibilidad de alimentos, medicamentos y agua potable ha colapsado por completo. La destrucción de infraestructura crítica y el cierre de corredores humanitarios han dejado a la población civil atrapada en una catástrofe humanitaria sin precedentes.
Según informes de agencias internacionales, más del 90 % de los habitantes de Gaza sufre algún grado de inseguridad alimentaria, siendo mujeres y niños los más afectados. Se estima que miles de menores padecen desnutrición aguda y severa. “Los niños están en los huesos”, reportan testigos. Muchos residentes sobreviven con una sola comida al día, a base de arroz, pan o lentejas. Otros han comenzado a vender sus pertenencias para poder subsistir.
El tema fue abordado en El Comentario de 7 SEGUNDOS, donde los analistas Samil Castillo y Patricia Sánchez se refirieron a la situación como “alarmante” y “moralmente inaceptable”.
“Lo que hace Israel, poner a morir de hambre a niños, ancianos y a todos los civiles palestinos, es un arma de destrucción masiva. Ni la Alemania nazi hizo esto”, afirmó Castillo.
Por su parte, Patricia Sánchez subrayó la magnitud del drama humano: “La hambruna en Gaza está afectando a más del 90 % de la población, sobre todo a mujeres y niños. No sabemos si esto es una estrategia política, social o si se está utilizando como armamento o arma militar.”
Desde 2023 hasta la fecha, el ataque de cinco grupos militares conocidos como Hamás ha dejado un saldo de aproximadamente 110 mil civiles muertos, entre ellos 24 mil niños y bebés.
Castillo afirma que los Estados Unidos y la Unión Europea son quienes les facilitan el armamento y el dinero a este grupo para llevar a cabo lo que definió como «genocidio» contra el pueblo civil de Palestina, y puntualizó que ellos son los verdaderos responsables.
El panorama en Gaza es, a todas luces, una tragedia que no puede seguir siendo ignorada. Con una población sometida al hambre, sin acceso a servicios básicos y con cifras de víctimas que aumentan a diario, la situación ha rebasado los límites de cualquier justificación política o militar. Mientras miles de niños y civiles mueren lentamente por desnutrición o bombardeos, la comunidad internacional guarda un silencio que, para muchos, equivale a complicidad.
